Marzo de 2010. Haga la prueba conmigo: póngase un lápiz atravesado en la boca sujetándolo con los dientes. E intente hablar, si puede, con el lápiz en la boca. Lo más probable es que no le entiendan los demás y que se rían y se ría usted con ellos. Se trata de un experimento sencillo para demostrar que un ligero cambio en una costumbre, como llevar o no llevar un lápiz en la boca, acaba incidiendo sobre el ...
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